3 de marzo de 2010

TODOS SOMOS DE BARRO

Jesucristo fundó su Iglesia con hombres pecadores, no con ángeles perfectos. Desde el comienzo ya vemos cómo uno de los doce traicionó a su Señor, el principal de ellos lo negó hasta tres veces y todos los demás excepto San Juan, huyeron y se alejaron de la Cruz en la que entregaba la vida el Redentor.

Jesucristo sabía perfectamente con qué barro trabajaba y de barro eran las columnas que sostendrían su obra. Por eso, si su Iglesia no se cae – y lleva ya en pie dos mil y pico de años – es por el milagro de que Él está siempre sosteniéndola ¡y la sostendrá hasta el fin del mundo! Nada ni nadie la podrá derrotar, aunque siempre haya personas que crean poder acabar con ella.
No es justo achacar las miserias en la Iglesia sólo a los obispos, sacerdotes, monjas y frailes, aunque todos ellos sean su cara más visible. Todos estamos hechos de la misma pasta, todos somos barro, todos tenemos pecados. Por eso, nos sigue diciendo el Señor: “Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

Cada vez que aparece un escándalo protagonizado por un sacerdote, aunque se trate de una acción execrable e injustificable, no debemos olvidar esa advertencia del Señor y ser humildes. No debo olvidar que parte de la gran montaña de pecados que afean el rostro de la Iglesia, son también mis propios pecados.

Los pecados de los ministros de la Iglesia nos producen mucha tristeza y sufrimiento, porque se hace un enorme daño al Cuerpo Místico de Cristo; el mundo se frota las manos creyendo haber derribado un muro más de la Iglesia y los medios de comunicación anticristianos airean gozosos lo que piensan es una justificación más de sus tesis.

¿Qué podemos hacer los cristianos? Desde esa solidaridad que brota del sabernos todos pecadores, podemos llegar a una mayor unión con el Señor, en la oración de reparación por los pecados de los sacerdotes y en la gratitud por quedar demostrado una vez más que el Señor es el que sigue sosteniendo a su Iglesia, formada por columnas y paredes de barro. De nuevo, Dios nos muestra que puede escribir derecho con renglones torcidos.

Dios te Bendiga!

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